ESCRIBEME/ÉCRIVEZ-MOI
Exponer... ex-poner
Exposición… Exponer, ex-poner, poner al exterior algo interior. Exponer al público. Volver público algo que pertenecía al orden de lo privado. ¿El tema de la obra expuesta? El cuerpo. La materia. El cuerpo de la mujer. Desnudez protegida por la distancia que genera el trabajo del pintor. Los trazos del pincel, los pigmentos, la búsqueda del misterio que emana de un cuerpo, es lo que le da materia a esa imagen entregada a las luces del taller, al ojo frío de una cámara, a la mirada de quien ejecuta esos trazos vivos de un instante. Se hace pública una escena – ¿hay un escenario?, ¿se pensaba ya en el público?- interna, privada, originada en el silencio de un taller. Un cuerpo de mujer, vulnerable, expuesto, inconsciente de su belleza. Inconsciente de las fuerzas inmensas que en el mundo externo recurren a la misma fuente. Inconsciente de la fragilidad del hombre.
La publicidad utiliza para fines de venta este poder, manipulando al género masculino a través del femenino. Contrariamente a lo que en general se cree, la víctima es el hombre y no la mujer, el hombre como consumidor, blanco ideal de la mercadotecnia por la inmediatez de sus instintos. El feminismo actual se equivoca de batalla. No es la mujer la que es denigrada con las imágenes publicitarias, sino el hombre para quien van dirigidas, el hombre que reacciona involuntariamente al llamado constante de sus instintos primarios, ya sea directamente como resultado del bombardeo de imágenes sensuales o ante la actitud de seducción imperante en nuestra sociedad.
La sociedad occidental vive sexualizada sin darse cuenta. Constantemente estamos sometidos a una estimulación sexual visual subliminal nada inocente como quisiéramos creer, pues el fin de ésta es comercial. Dirigir inconscientemente nuestra atención a la belleza de un cuerpo para hacernos comprar un carro, no es símbolo alguno de libertad. Se ha llegado tan lejos en este sentido que mientras que en occidente vivimos en una esquizofrenia entre un puritanismo anglosaxón cada vez más fuerte y una banalización total de la sexualidad, en el resto del planeta hay dirigentes que manipulan el miedo de las masas a las pulsiones básicas resultantes. Es entonces que la gente se refugia en ideas primitivas vestidas de fundamentalismos religiosos donde la palabra "placer" tiene connotaciones diabólicas incomprensibles en occidente.
Existe un placer diferente, que en general denominamos estético, y que en un nivel inmediato y burdo lo utilizamos tan sólo para marcar la ausencia de finalidad comercial. En un nivel menos directo es el incentivo que nos hace buscar algo esencial, por ejemplo, la capacidad de escapar al tiempo. El cuadro contemplado es un objeto que trasciende el presente. No es la imagen que percibimos la que tiene vida. Es la materia. La imagen sería el alma y la materia, el cuerpo. Un cuerpo sin alma está muerto, y en sentido inverso, un alma sin cuerpo sólo nos es accesible a través de la memoria. La fotografía es una imagen, un recuerdo; escapa al tiempo, pero no tiene cuerpo.
Una imagen viaja por el aire entre dos pantallas en continentes distintos, sin que nadie se sorprenda. Así de ligera es. ¿Cómo atraparla entre las fibras de la tela o del papel? ¿Cómo atrapar un momento de abandono del “yo” de la modelo, un instante en que la persona deja de ser esa persona, esa mujer, y se convierte en mujer, en una mujer, como la verdadera diva de la ópera de la cual habla Proust, aquella que alcanza el apogeo de su arte en el instante en que deja de ser una diva para convertirse en el simple personaje que representa, sin las más remota huella de su grandeza ?
En mi trabajo, utilizo la materia para intentar lograrlo. Parto de la imagen sin sustancia para llegar a la materia, la materia como elemento duradero en oposición a lo virtual. El dibujo fija el instante del cuál la fotografía sólo hace alusión. La tela fija un trabajo de semanas, de meses, quizás de años. La materia sirve como testigo del paso del tiempo. Es entre los segundos perceptibles, entre las líneas del tiempo, que se puede realizar esa magia. Entre dos trazos de carbón puede impregnarse de pronto en el papel un soplo de ese universo que existe fuera del tiempo.
G. Lartigue.
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